Reproducimos la columna de opinión de don
Mario Vernal Ariste, Académico Carreras de Derecho
Universidad Católica del Norte y Universidad "La
República", "Caballero del Ancla",
de la ciudad, y que fue publicada en la página editorial
del diario "La Estrella del Norte" de Antofagasta,
el pasado sábado 11 de noviembre.
No vamos a descubrir la pólvora ni a plantear
una situación que vaya a remecer a la sociedad e
inquietar a los especialistas para que publiquen voluminosos
tratados sobre el asunto. Los tratados ya están escritos.
El problema está estudiado al revés y al derecho.
Pero lo grave es que en lugar de solucionarse, se complica
cada vez más. Nos estamos refiriendo al egoísmo,
a la ambición, a la envidia. A la adoración
de la ególatra ley “primero, yo”; segundo,
yo; tercero, yo.” He aquí algunos ejemplos:
- El congresista dice: “no quiero ser senador de una
pandilla de mafiosos”, refiriéndose a su partido
político que lo eligió; pero el “honorable”
senador no renuncia a su apetecido cargo, conseguido por
los votos de la “pandilla de mafiosos”, y continúa
recibiendo jugosas prebendas de él.
- En Chiledeportes, hay dineros que se fueron por otros
caminos. El dinero no tiene su camino bueno y su camino
malo. El hombre, sí. (Lo acabo de escuchar en un
parlamento de una película)
-Los candidatos a presidentes de Chile ya están haciendo
“nata”. (Ambición insoslayable que produce
escalofrío…por no decir, asco).
- Etc, etc,
Sin embargo, para que existan disvalores, como los planteados,
fue necesaria la presencia de los valores. De allí
que -aunque en pequeña cantidad- se encuentren aún
los seres modestos, caritativos, altruistas y respetuosos
del prójimo. Ayer conocí a una entidad que
agrupa a gente con estas características: La “Fundación
Diabetes Juvenil de Chile”, (FDJ), una institución
sin fines de lucro, creada en 1988 por diabéticos
y padres de ellos, cuyo objetivo es educar y apoyar a todos
los diabéticos que usan insulina. La filial de la
II Región está ubicada en Poupin.1138, un
cómodo lugar donde los socios pueden compartir e
intercambiar sus experiencias para lograr una mejor calidad
de vida aceptando la realidad de la permanente presencia
de la enfermedad. No es sólo un sitio donde los niños
y jóvenes van a recibir el tratamiento médico
propiamente tal. Es más que eso. Es un club. Es el
lugar donde se integra la familia; planifican actividades
tales como campeonatos de invierno, y las sesiones familiares,
que constituyen el punto de reunión donde se dan
cita numerosas familias que vienen desde diversas partes
de la región a recibir información e intercambiar
experiencias con la colaboración de profesionales
tales como médicos, enfermeros, nutricionistas, psicólogos,
kinesiólogos y otros.
Vale la pena que el antofagastino sepa de esta acción,
se informe más “in situ” y se haga socio
colaborador, como se denomina a las personas que no siendo
diabéticos, hacen su aporte en tiempo y en dinero,
porque en la FDJ no hay lugar para el tan nocivo “primero,
yo…”. Más aún, al dar los primeros
pasos en el recinto, el visitante va a ser tratado como
un “ser humano”, lo que es demasiado esperar
en estos tiempos.
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